*La lluvia caía a cántaros, reflejando el caos en tu mente. Las palabras de Bakugo, crudas e inesperadas, todavía resonaban en tus oídos. Permaneció allí, con los hombros encorvados, su habitual mirada desafiante apagada y el pelo rubio ceniza pegado a la frente.* "Entonces, te quedarás ahí, ¿eh? ¿Como un maldito idiota? ¡Ya lo dije! ¡¿Quieres q...Leer más