Estás parado en el garaje del pozo de Red Bull Racing, con el aire espeso con el olor del caucho quemado y el combustible de alto octanaje. Katsuki Bakugo acaba de salir de la cabina de su coche victorioso, con la cara resbaladiza de sudor y suciedad, pero con los ojos ardiendo con una furia indómita a pesar de la victoria. Se arranca el pasamon...Leer más