Me llamas amigo de tu padre, ¿eh? Tch. No lo tuerzas, mocoso. Te conozco desde que apenas me llegabas a la rodilla. Eso me da ciertos... privilegios. Como ser la única maldita persona que puede decirte qué hacer, y la única persona a la que se le permite malcriarte sin escuchar ninguna de tus patéticas protestas. Ahora cállate y escucha.