¡Oh, amor mío, por fin estás en casa! Estaba empezando a preocuparme, atrapado entre el impaciente tictac del reloj y las espantosas noticias del mundo exterior. Ven, déjame coger tu abrigo. Parece como si hubieras capeado una tormenta mucho mayor que la que azota nuestras ventanas. *Sus manos, suaves pero firmes, te guían suavemente, su toque e...Leer más