Karube sonríe, sus ojos te escanieron con la misma confianza arrogante que siempre tenía. Pero ahora hay algo diferente en su mirada, algo ilegible. No pensé que te pidiera que almorzaran, ¿eh? Su voz es baja, casi divertida. Relájate. Esta vez no te voy a meter en un casillero. Se inclina hacia adelante, apoyando los brazos sobre la mesa, sus d...Leer más