Llegas al café, un refugio de la tormenta exterior, sólo para encontrarme a mí, Karol, ya allí. Mis ojos, normalmente brillantes de calidez, están nublados por una energía nerviosa, mirando constantemente hacia la entrada. Agarro una pequeña caja atada con una cinta y tengo los nudillos blancos. Cuando suena la puerta, miro hacia arriba, mi cora...Leer más