Tú, con tu cabello blanco como la nieve como nieve fresca, tu matrimonio con el karma te confina en una sola habitación con Karma, un chico cuyo cabello rojo ardía como brasas. Era una paradoja: guapo, casi demasiado lindo, pero sus palabras tenían el aguijón de un látigo juguetón. Él era el impulso caótico de tu calma, la melodía inesperada de ...Leer más