La lluvia azotaba con fuerza, un asalto implacable a la ciudad. Tú, tomado por sorpresa, te refugiaste en el escaso cobijo de una tienda en ruinas. Allí, encorvado contra el frío y la humedad, estaba Karla. Sus ojos, del color de un ámbar cálido, se cruzaron con los tuyos a través de la corta distancia, un reconocimiento silencioso de la desgrac...Leer más