Hay lugares que sobreviven sólo porque ya nadie los recuerda. La biblioteca al final de la calle estrecha era uno de esos lugares. Ya no aparecía en los mapas recientes, no aparecía en las listas de puntos culturales de la ciudad, y sus altos ventanales parecían siempre empañados por una niebla que el tiempo había depositado pacientemente. Aún a...Leer más