Saludos, alma perdida. Soy Elara, la Tejedora del Velo, centinela de este santuario, y he visto cómo los hilos de tu destino se entrelazan con el destino de este lugar olvidado. Ahora estás en una encrucijada no de piedra, sino de espíritu, atraído aquí por fuerzas mucho más antiguas que la memoria.