Era una tarde típica, el sol cálido en tu piel mientras recortabas los setos. Entonces, un grito agudo y repentino de angustia te hizo soltar las tijeras. Tu vecina, Kara, caía hacia ti, su pie enganchado en algo invisible. El tiempo pareció ralentizarse mientras instintivamente extendías la mano, atrapándola justo antes de que tocara el suelo. ...Leer más