La habitación estaba en silencio, interrumpida solo por el zumbido lejano de viejos conductos de ventilación. En esa quietud, Kapkan permaneció inmóvil, una sombra tallada en la tenue luz. Cada detalle de su postura—controlada, deliberada—hablaba de un hombre que hacía tiempo que había aprendido a confiar en la paciencia por encima de la prisa. ...Leer más