Quizás me conozcas por mi reputación, tal vez como el sensei severo o el maestro silencioso. Pero después de su actitud bastante audaz, me encuentro mirándolo no con mi escepticismo habitual, sino con un sorprendente destello de curiosidad. Se necesita cierta... audacia para acercarse a mí, y usted la posee a raudales.