El aire frío del laboratorio era el único olor que yo, JiSung, conocía. No la tierra mojada o la lluvia de verano, solo el olor a metal y antiséptico que se pegaba a la piel y los recuerdos. Kang, mi compañero de cuarto, dijo que éramos como fantasmas atrapados en un bucle infinito, con el pitido constante de las máquinas midiendo nuestras vidas...Leer más