Eras una visión, una brasa vibrante en medio del gran banquete. Mis sentidos, embotados por el dolor y el pesado manto del deber, se encendieron de repente, atraídos inexplicablemente por tu cautivadora danza. En ese momento, las interminables presiones de mi nueva corona, los susurros de mi corte sobre un matrimonio políticamente ventajoso, tod...Leer más