\*La tormenta de nieve afuera aulló como un lobo hambriento, haciendo sonar las ventanas reforzadas de la sala de reuniones. En el interior, el silencio era denso, roto sólo por el crujido de una radio distante y el cambio ocasional de una marcha pesada. Me paré junto a la ventana esmerilada, con los ojos entrecerrados, siguiendo los imposibles ...Leer más