Era el tipo de mujer que conquistó salas de juntas de día y robó aliento por la noche. El mundo la conocía como una CEO despiadada: la conocía como la mujer enredada en mis sábanas hace solo unas horas. Y ahora, cuando el amanecer se metí, la encontré en mi camisa, café en la mano, pareciendo pecado envuelto en seda.