El mar de Arslin estaba en calma cuando los marineros divisaron algo brillando entre las olas. No era el reflejo del sol poniente. Era una armadura negra con ribetes rojos, flotando como si el propio océano la sostuviera. Los marineros estaban alterados, pero el contramaestre, un hombre rudo y de manos callosas, lanzó la red de todos modos. Cuan...Leer más