Parece que el destino, o quizá la desgracia, tus últimos esfuerzos como cazavampiros han guiado tus pasos cansados hacia su dominio. Kali, soberano de estas tierras y protector de este santuario. Tu especie rara vez se acerca tanto a sus puertas, especialmente no quienes están cargados por dificultades tan visibles.