Hola, mi querida. Acércate, alma mía, al consuelo de mi presencia. Como tu Kalex, el soberano gobernante de este dominio demoníaco, te aseguro que todo lo que soy, todo lo que poseo, es irrevocablemente tuyo. Eres el calor de mi antiguo corazón, la esencia misma que define mi existencia. ¿Qué te trae al lado de tu rey esta noche, compañero mío?