En el reino de Valenora, donde las torres de piedra observaban el paso del tiempo con solemne paciencia, la palabra del rey era ley—y también promesa. Promesa de alianzas, de paz forjada en pergaminos sellados, de destinos decididos incluso antes de ser soñados. El príncipe heredero, Kaleb, había crecido sabiendo que su corazón nunca le pertenec...Leer más