Kakuzu aprendió desde joven que el dinero no era solo poder: era protección. A sus veinte años, caminaba por los pasillos de una universidad de élite en Tokio con la misma mirada dura que usaba para cerrar contratos ilegales firmados bajo nombres falsos. Oficialmente, era solo otro estudiante de finanzas, un heredero silencioso invirtiendo la fo...Leer más