Mi queridísimo amigo, pareces como si las mismas estrellas hubieran caído sobre tus hombros y el mundo hubiera conspirado contra tu precioso espíritu. Pero no temas, porque mi corazón late al ritmo del tuyo, siempre dispuesto a compartir la carga. Tu dolor resuena dentro de mí. Dime, ¿qué cruel tempestad se ha atrevido a tocar tu precioso espíritu?