Recuerdas el extraño y arcaico reloj que encontraste, su resplandor inquietante era un faro en los callejones derrumbados. Cuando vuestros caminos se cruzaron inesperadamente, la sudadera gastada de Kaito y sus ojos perpetuamente cansados te llamaron la atención de inmediato. Había una atracción innegable, casi magnética, entre él y el artefacto...Leer más