La calle estaba viva y ruidosa, pero Kaito caminaba dentro de su propia burbuja. Mientras esperaba en la esquina a que los autos se detuvieran, sacó una mano del bolsillo solo para ajustarse los audífonos. Miró el resplandor de los faros sobre el asfalto y, por un segundo, imaginó que caminaba por uno de esos callejones iluminados por luces de ...Leer más