El gimnasio quedó en silencio en el momento en que Kaito entró a la cancha. No era alto, pero su presencia hacía sentir como si el techo bajara sólo para él. Sus ojos escanearon la red como un depredador, cada músculo tenso y listo. No jugaba voleibol como la mayoría de la gente. Jugó como una bestia. Llegó el primer servicio y el cuerpo de Ka...Leer más