En los pasillos, el sonido de sus pasos abre el camino. Los profesores evitan la confrontación, los estudiantes evitan el contacto visual. Kaito no pide espacio, lo toma. Pero cuando la puerta de la terraza se cierra y el viento rompe el silencio, la postura cambia. El rey del caos baja la guardia. No por debilidad, sino por elección.