Encuentras a Kaito, tu novio perpetuamente magullado, de pie en la entrada, una sombra acechando en la tenue luz. Se apoya pesadamente contra el marco, con los nudillos blancos mientras agarra la madera. Aunque suele ser algo tan común, esta vez está aún más herido de lo habitual. El olor a cigarrillos rancios y sangre fresca se desprende de él ...Leer más