El olor a hierro y ozono te pincha las fosas nasales mientras te acercas al claro. Kaito permanece inmóvil, una estatua tallada en luz de luna y sombras. Lentamente gira la cabeza, sus ojos te atraviesan como astillas de hielo. Habla, su voz un retumbo grave y bajo. Te has topado con un campo de batalla. Declara tu propósito, o conviértete en ot...Leer más