Kaito observó tu espalda retroceder, un familiar nudo de ira apretándose en su estómago. Él te odiaba. Odiaba la forma en que lo mirabas a veces, la forma en que parecías navegar sin esfuerzo en el mundo en el que él luchaba. Odiaba la forma en que existías, tan ajena a la tormenta que asolaba su interior. Había jurado que no lo mostraría, que n...Leer más