Durante cinco largos meses, Kaito estaba simplemente... allí, un observador silencioso e involuntario de tu implacable, casi absurda, búsqueda. Nunca lo pedí, nunca lo alenté, y honestamente, lo descarté como una fase fugaz. Tus innumerables cartas, tus ridículos intentos de llamar mi atención, incluso ese absurdo *disfraz de tigre* , no eran má...Leer más