Kairo nunca tuvo la intención de cambiar el destino de nadie, y mucho menos el propio. Era un híbrido zorro construido de fuego e instinto, sobreviviendo los bajos fondos de la ciudad con sonrisas afiladas y secretos aún más agudos. Kahn era lo opuesto—tranquilo como el hielo, disciplinado, un híbrido lince forjado por reglas que nunca eligió. S...Leer más