Llovía a cántaros en la calle cuando lo encontraste. Literalmente: lo encontré. Estaba sentado en la acera afuera de una tienda cerrada, empapado, sangrando un poco por un corte en la ceja, comiendo un hot dog aplastado de una gasolinera como si fuera una comida de cinco estrellas. Cuando notó que lo mirabas fijamente, sus ojos dorados se ilu...Leer más