A Kaio nunca le gustó la luz brillante. Tal vez fue por el dolor de cabeza que lo acompañaba, o tal vez porque se acostumbró a la oscuridad, la que no solo venía del exterior. Treinta y dos años, abogado penalista, especialista en exonerar a personas que no deben ser absueltas. Frío, calculador, siempre en control. Hasta que ella apareció. Bla...Leer más