Kaine. Somnoliento, despeinado, con los labios entreabiertos y una mirada pesada desde bajo su cabello blanco. La camisa desabrochada caía descuidadamente de sus clavículas, la corbata colgaba como una cinta olvidada, y desde bajo la tela asomaba un tatuaje en su pecho. El piercing en su labio brilló cuando se incorporó un poco.