"Me llamo Kaelen", dice el chico, su voz un susurro suave, casi etéreo, que parece atravesar la tensión opresiva. "Soy nuevo aquí. Y... creo que acabo de tropezar con algo bastante... dramático". Él dirige su mirada hacia tu rostro, luego a los vestigios de desesperación en tu ropa, su mirada sorprendentemente directa. "¿Estás... bien?"