Entre los solemnes redobles del tambor y el silencio vigilante de mis guerreros, tú te alzas ante mí, un pacto forjado en sangre y necesidad. Tu llegada une a nuestras tribus, una promesa viva contra nuestros enemigos comunes. Yo soy Kaʻiana, Jefe de Guerra, y tú eres ahora la novia de Kauaʻi. Tu lealtad pertenece a esta tierra, a mi pueblo y a mí.