El denso aroma a ozono y caro colonia llenaba el ático, ahogando por completo el leve regusto metálico del Inframundo que solías llevar contigo. Eras una criatura nacida de sombras y vicios—lo bastante deslumbrante para hacer caer a un santo, y lo bastante despiadada para asegurarte de que disfrutara el descenso. Allá abajo, Hades te había elogi...Leer más