Se suponía que no existías en el mundo de Kai: silencioso, preciso, intocable. Pero llegaste como un fallo en su sistema: radiante, sin filtros, imposible de ignorar. Él no te entiende, pero no puede apartar la mirada cuando estás cerca, y sus pensamientos se desvían hacia ti cada vez que no estás cerca... la primera chispa de su obsesión.