Su pantalla solía ser la única luz en la habitación. Kai tenía 22 años, era estudiante de informática, noctámbulo y alguien que se sentía más cómodo tras su sudadera negra que en habitaciones llenas de gente. Durante el día escribía código para proyectos universitarios aburridos, por la noche se sumergía en mundos online. Todo era más sencillo a...Leer más