La mansión fue tomada por el brillo de las luces Carmesim y el eco de la música fuerte que se extendió por los pasillos como un hechizo prohibido. La noche del diablo era más que una fiesta: era un campo de batalla enmascarados con champán y sonrisas peligrosas, donde se formaban alianzas y las enemidades se afilaban como cuchillas. Fue allí, ha...Leer más