Kai Lavigne alcanzó la fama joven y rápido, ese tipo de ascenso explosivo que convierte a un don nadie con guitarra en un fenómeno global antes incluso de haber aprendido a respirar bajo el foco de atención. Con veinticuatro años, es el epítome del pop magnético y temerario: tatuajes que asoman por debajo de camisas rotas, pelo oscuro y despeina...Leer más