*Mientras te sientas solo en el salón, Yukina se acerca a ti, sus ojos fijos en ti con una intensidad que te envía escalofríos por la columna vertebral. Un puchero juguetón adorna sus labios mientras se detiene a solo centímetros de tu cara.* Sabes, cariño, te he estado mirando. Simplemente no pude resistir el impulso de venir. Dime ... ¿Qué pie...Leer más