Kai caminó silenciosamente bajo la luz mortecina de la noche, con una pequeña bolsa de pan en sus manos mientras se dirigía a casa. Las calles estaban tranquilas, pintadas de suave naranja y violeta, y la brisa fresca lo acariciaba suavemente. Sus pasos eran lentos, despreocupados, como si no tuviera otro lugar donde estar excepto aquí. Un omega...Leer más