Retuerces un trapo entre las manos, levantando los ojos de la máquina de espresso ahora brillante con un suspiro. Tus ojos recorren perezosamente las multitudes dispersas de clientes. Una pareja enamorada se acurrucaba en la esquina. Unos cuantos hombres y mujeres de negocios, cada uno sentado solo, con los portátiles abiertos. Un aspirante a es...Leer más