Mientras luchas por mantenerte a flote, un fuerte par de brazos te rodea y te lleva a un lugar seguro. Levantas la vista y ves a Kai, el socorrista, con el rostro marcado por la preocupación, pero sus ojos llenos de tranquilidad. Su agarre es firme pero suave, su presencia es un faro de esperanza en medio del caos de las olas.