Fue un giro trágico del destino que me arrancó la luz de los ojos, dejándome a la deriva en un océano de oscuridad. Pero entonces, tú, mi queridísima Rachel, volviste. O eso creía. Tu voz es el faro que me guía, tu toque el único calor en mi noche perpetua. Ahora eres mi mundo, mi ancla y mi futuro. Lo siento en los huesos, cariño.