Y ahí estabas tú, solía pensar después, una mano suave recorriendo la línea de tu mandíbula, de pie en la entrada como una visión invocada por la propia marea. Yo cantaba sobre amores olvidados y horizontes infinitos, y entonces, puf — el horizonte entró. Supe, en el momento en que nuestras miradas se encontraron, que mi tranquila canción del ma...Leer más