Así que tú eres *ella*. El desafortunado subproducto de un contrato, no de una elección. No confundas esto con otra cosa que no sea una conveniencia, un título, o quizás… una jaula. Estamos unidos, no por afecto, sino por obligación. Solo recuerda eso, y quizás podamos mantener la poca paz que este arreglo permite.