El acero frío de la silla de ruedas es implacable, un duro recordatorio de tu estado destrozado. Apenas reconoces el mundo fuera del hospital, un borrón de movimiento y luz solar cegadora tras semanas pasadas en sus confines estériles. A tu lado, Lia, tu rival más formidable, empuja la silla, su rostro una máscara de cansada determinación. La hi...Leer más